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Escritora Carla Guelfenbein presenta en España una conmovedora historia de incomunicación, amor y soledad


  • Con un estilo sobrio que, sin embargo, es capaz de trasmitir una profunda emoción, la autora chilena ha conseguido crear con El resto es silencio, unos personajes hondos y desvalidos, una historia de soledad y amor no compartido que no dejará a ningún lector indiferente.

La tercera novela de Carla Guelfenbein es el siguiente paso en una especie de trilogía que busca explorar distintos universos: primero fue el femenino, más tarde una visión masculina de la vida y en El resto es silencio, la incorporación de la visión del mundo a través de los ojos de un niño.

La autora

Carla Guelfenbein nació en Santiago de Chile. Cursó Biología en la Universidad de Essex, Inglaterra, y se especializó en genética de población. Más tarde estudió Diseño en el Saint Martin’s School of Art. De vuelta a su país natal trabajó en varias agencias de publicidad. También fue directora de arte y editora de moda de la revista Elle. Su primera novela fue El revés del alma (2003), que ya tiene nueve ediciones. Su segundo libro, La mujer de mi vida (2006), obtuvo un gran éxito y ha sido traducido a catorce idiomas.

El resto es silencio

En una boda familiar, Tommy, un niño de doce años, graba bajo una mesa las conversaciones de los mayores. Así descubre que su madre, Soledad, muerta cuando él tenía tres años, no murió de un aneurisma, como le habían hecho creer, sino que se suicidó. Paralelamente, Alma, la segunda mujer de su padre, se ha encontrado en la boda con Leo, un antiguo amor de adolescencia. Y Juan, el padre de Tommy, sale precipitadamente de la boda para atender una urgencia médica. Un niño de la edad de su hijo y con la misma cardiopatía que él, va a ser transplantado.

A partir de aquí, la vida de Alma, Juan y Tommy, una vida que parecía transitar por caminos tranquilos, se verá trastocada por estos tres acontecimientos. Tommy decidirá descubrir cómo y por qué se suicidó su madre. Alma iniciará una relación clandestina con Leo buscando la pasión que quizá nunca haya tenido con Juan. Y la operación y evolución negativa de su paciente hará que Juan recuerde la enfermedad de su propio hijo y la muerte de Soledad, su mujer.

A través de estas tres voces, el lector entrará en un pasado nunca dicho, en unos recuerdos que enturbian el presente. Ninguno de los tres personajes sabe toda la verdad, una verdad que todos se hurtan y que terminará por engullirlos. Tommy se lanzará a la búsqueda de ese pasado que siempre le han escondido. Y así, como un pequeño y moderno detective, irá desenmarañando la madeja de mentiras y falsas verdades que su padre ha tejido a su alrededor. Gracias a Internet descubrirá que es judío y que su bisabuelo materno lo ocultó allá en Buenos Aires de donde procedía su familia. Y también descubrirá que a su abuelo paterno no le gustan los judíos. Pero también Internet sirve para angustiarlo. Unos niños del colegio le piden dinero por e-mail y lo insultan y él lo oculta para que no se le considere débil.

Por su parte, Alma revivirá con Leo la pasión que le fue negada de adolescente. Leo fue su primer amor, un hombre que le rompió el corazón sin que él llegara a saberlo. La madre de Alma nunca se había reprimido a la hora de invitar a amigos y amantes a su casa con los que beber y fumar marihuana hasta la madrugada. Alma se escondía en su habitación, se hacía invisible. A los dieciséis años, una compañera la invita a una fiesta y allí conoce a Leo, un chico de veintitrés años del que se enamora. Leo se acostará con ella sin saber que es el primero y después le confesará que está con otra mujer. Pero esa mujer resulta ser la madre de Alma. Tras conocer esta verdad, Alma se irá apagando hasta que una hermana de su padre le pague un billete a Barcelona. Allí comenzará a estudiar cine y a trabajar en un restaurante. Y será allí donde conozca a Juan. Por primera vez se siente segura, protegida. Juan, bastante mayor que ella, médico, viudo y con un hijo de tres años, será el único que se de cuenta de que está embarazada.

Siete años después, su relación con Juan no pasa por su mejor momento. La incomunicación, los silencios, han pasado a formar parte indisoluble de su relación y el encuentro con Leo hace que Alma se agarre a este amor de la adolescencia para olvidar temporalmente el fracaso de su matrimonio. Juan, mientras tanto, recuerda a Soledad, su mujer, y el deterioro mental que sufrió a partir del nacimiento de su hijo y las operaciones a las que tuvo que ser sometido por su problema de corazón. Soledad vivía pegada a Tommy, no dormía, no comía, y cuando el niño, a los tres años, consiguió dejar atrás la etapa más dura de la enfermedad, Soledad se hundió en un pozo del que nunca consiguió salir. Lo que Juan nunca ha podido perdonarla es que, cuando se suicidó, quisiera llevarse a Tommy con ella. Estos recuerdos, que se siente incapaz de compartir con nadie, y la muerte del niño al que acaba de trasplantar un corazón, le separan cada vez más de Alma.

Tanto Juan como Alma viven sus desencuentros, están cada vez más ensimismados y, mientras, el mundo de Tommy se desmorona sin que nadie se dé cuenta de ello. Y será, finalmente, Tommy quien consiga que Juan y Alma se reencuentren en el dolor.

Tres voces y tres universos que buscan encontrarse

“Es que hay un espacio, un ínfimo espacio que nos pertenece. Y es ahí donde radica nuestra esencia. Es el que nos hace lo que somos, el que nos permite cambiar el curso del viaje. Como las velas de las fragatas. A veces basta un movimiento imperceptible para que las cosas cambien.”

La visión del mundo a través de los ojos de un niño es el punto neurálgico de la novela. La autora explora el mundo infantil con una clarividencia turbadora. A través de la escritura de Carla Guelfenbein , el lector entra en los recovecos del alma de Tommy, en su soledad, su fragilidad, su indefensión, su interpretación de lo que le rodea y que solo es capaz de volcar en su ordenador. Tommy lo guarda todo en su grabadora, es como cronista de una realidad que no entiende, pero que poco a poco irá desentrañando, como en una novela de misterio.

Todos tienen un pasado que les atormenta, pero del que no quieren hacer partícipes a los demás y eso irá creando una brecha de incomunicación cada vez más difícil de saltar. Porque El resto es silencio habla de eso, de la incomunicación, de la soledad. Habla de tres personajes que se quieren y que, sin embargo, se destruyen por los malentendidos y los silencios.

“Algo busca Juan en mí que está más allá de mí y que no encuentra. Se echa a un lado. Se da vuelta y apaga la lamparilla. Su ser se comprime hasta no dejar ni un ápice al descubierto.”

Para evitar el dolor, Juan se encierra en una madriguera; para evitar el dolor, Alma se lanza a una aventura que puede destruir todo por lo que ha luchado. Para evitar el dolor, Tommy se oculta del mundo. Cada uno de los personajes está aislado, son como náufragos a la espera de que alguien les rescate.

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Esta entrada fue publicada en 09/06/2009 por en literatura y etiquetada con .
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